EL VERDADERO ROSTRO DE LA CORREGIDORA

Cuando uno llega a visitar el Panteón de los Queretanos Ilustres, lo primero que observa es el monumental catafalco del corregidor Miguel Domínguez y de su esposa doña Josefa Ortiz, la heroína queretana nativa de Nueva Valladolid, hoy Morelia, que participó en las conjuras de independencia a pesar de que su esposo la encerró para evitar que se metiera en problemas. Fue por una delación que las autoridades se dieron cuenta de que era una ferviente partidaria de la separación del territorio de la Nueva España de la nación ibérica, cuyo gobierno, de virreyes impuestos por el rey hispano, tuvo sojuzgados y explotados por más de cuatro siglos de forma inhumana a los pueblos de esta tierra, algunos de los cuales — mayas, tlaxcaltecas, aztecas— con culturas en muchos aspectos superiores a la de los aventureros venidos desde muy lejos. A pesar del confinamiento, doña Josefa Ortiz se las ingenió para enviar al alcaide Ignacio Pérez a dar aviso de la delación a Ignacio Allende, a quien encontró en compañía del inmenso cura de Dolores, don Miguel Hidalgo. Ambos se vieron forzados a dar inicio al movimiento guerrillero de independencia, que culminó muchos años después con la proclamación de una nueva nación ya libre del dominio español.

Cuando uno penetra en la antigua capilla del cementerio se encuentra con una sorpresa: diferentes retratos-fotografías muy diferentes a la imagen que a lo largo del desarrollo monetario de nuestro país se ha apreciado en monedas y billetes como la representación de una mujer rolliza, de cara regordeta.

Al observar las varias representaciones de esa insigne mujer, no cabe menos que preguntarse: ¿hemos tenido permanentemente una idea falsa de su fisonomía? Lo que uno aprecia es algo totalmente diferente de lo que se ha generalizado, pues en algunas de ellas aparece una dama joven de una increíble belleza. Sin embargo, como en aquel año de 1810 aún no se conocía la técnica de Daguerre, primer sistema de obtención de las primeras fotografías impresas, es imposible determinar con exactitud la verdadera imagen de esta mujer. Es claro que es el mismo caso de todos los personajes de aquella época.

Existen varios estudiosos de la historia de México que afirman que la representación que conocemos de doña Josefa es falsa, aunque no aportan pruebas definitivas de su aseveración, pero lo mismo pasa con los que defienden la autenticidad de tal apariencia. Al correr de los años se forman iconos que, a falta de pruebas contundentes, se aceptan como verdaderos, puesto que no existe una forma certera de llegar a la verdad: éste es el caso que nos ocupa. Los historiadores antiguos que la conocieron, como Lucas Alamán, Carlos María de Bustamante y algunos otros, no dejaron plasmada ninguna descripción de esta mujer.

Así que el visitante del mencionado panteón podrá echar a volar su imaginación y tratar de ajustar algunas de las representaciones a la imagen que guarde en su mente. Además, podrá observar los nichos de las paredes laterales que guardan los restos de diferentes personajes distinguidos de esta bella ciudad queretana, como Valentín Frías. Donde estuvo el altar de la multicitada capilla, contemplará a ambos lados los sepulcros del llamado Jinete del Destino, Ignacio Pérez y del insurgente mártir Epigmenio González, que fue apresado y enviado a Filipinas, y que al ser liberado pudo regresar a México después de varios años de consumada la Independencia.